La Historia de Zacho

ZACHO
(La Historia de un hermoso guerrero negro.)
A través de las redes, yo no podía creer lo que veía:
la foto de un hermoso Rott con un tumor gigante en su cuello.
Las cosas por lo general, se mezclan como en un remolino,
aturden, confunden, y sólo empeoran la realidad,
ya de por si abruamdora y compicada.
Pregunté por él y nadie sabía nada,-
al fin mi amigo Sebastian Nicolas Soteras
una persona extraña con una generosidad inmensa
se comprometió a buscarlo…
“Yo lo traigo, Gus… vos te ocupás?”
“SI!” afirmé sin pensar. Pocas veces en el día “pienso”,
a mi me sostiene el impulso, el instinto animal,
si,- precisamente, eso…
Seba lo sacó de su casa,- Zacho de confesos 11 años
vivía su vida amarrado con una cadena corta
a su cucha, en un patio olvidado…
Las personas que declamaban amarlo, asi lo tenían:
abandonado y con un tumor de casi 3 kilos
pendiendo de su cuello.
Zacho enfermó entre otras cosas,
por una vida miserable, estaba mal comido,
con bajo peso, parásitos y pulgas.
Nunca voy a entender a esa clase de personas
NUNCA.
Cuando Seba me entregó a Zacho,
lo subí a la Milagrosa y le dije
“vamos a casa, sin cadenas, nueva y larga vida amiguito”.
Él sólo gruñó…
Lo subí al asiento de atrás, puse John Fogerty/Creedence Clearwater Revival “Almost Saturday Night” y proa a casa.
En un momento dado, no sé aún si enojado
por mi mala pronunciación o qué,
tenía a Zacho cara a cara
en medio de la autopista a 120 km/hora.
Él me gruñía y yo no parpadeaba.
Puse balizas, lo calmé y lo volvía a acomodar.
Se tranquilizó y yo dejé el canto para otro día…
Hasta ese entonces, ZACHO gruñía para todo.
Cuando me hago cargo de un perro,
trato de apartar mis emociones,-
las ganas de agarrar a patadas a los maltratadores,
la sed de venganza
el dolor que me produce verlos asi…
Además, si la tristeza hubiera que resumirla
en una mirada
sería la mirada de Zacho.
Pero debía optimizar el tiempo,
pedí turno para operarlo,
y para la biopsia del tumor.
En 48 hs él estaba operado,
sin esos 3 kilos traccionando sus cervicales dolorosamente,
comiendo comida casera, balanceado premium,
durmiendo en un colchón, tomando sol
y mirando de reojo a sus nuevos hermanos,-
Tito, Chucho, el gran Brujo, César, Firu
y siguen las firmas…
A la semana llegó la biopsia,
y la peor de las noticias,
el tumor es de los más feroces y grado 3…
o sea,-
un futuro espantoso
o quizás un “no futuro”.
Con el correr de los años
aprendí a tomar prestada la sabiduría de otros
recordé a Kahlil Gibrán y pensé
“… dejemos que la luna nos reserve el mañana…”
Le puse un pretal, una correa, y me lo llevé al río
bajamos agitados de la Milagrosa y corrimos a la orilla
él quería beberselo todo
mirábamos el río y el sol jugaba a esconderse
entre el horizonte y algunas nubes.
En esa orilla yo paseaba con el Chino,
hasta me parecío verlo, espiándo complaciente…
Lo abracé fuerte y no me gruñó
ya no gruñe
al oído le dije que lo amaba
y que era mío,
“mi” perro… “mi” hijo…
él no apartaba su mirada del agua
y ya no había más nada que decirnos
ni preguntar.